No se hacia necesario respirar, nada podría cesar o distraer la unión de los trazos y espacios dibujados simétricamente para encajar sus labios. Un abrazo apretado, sus cuerpos se fundían uno al otro con cada contacto, cada vez mas apretado como buscando de alguna forma soldar sus almas para siempre.
No se hacia necesario hablarle de mis gastados recuerdos, de las imágenes desteñidas o incompletas, del eco de aquellas voces que resonaban hasta saturar y aplacar la egolatría, arremetiendo contra toda falso elogio de sus creencias. Su locura, sagrado delirio; divina potestad que llenaba el sentido de su existencia, de eso le hablaría; de la historia de cada estrella fugaz, tan fugaces como sus ilusiones que se desvanecían al caer a la realidad.
Mira entonces a sus grandes ojos negros, podía ver el universo, que ella también tenia tantas estrellas en su infinito corazón, que seria entonces el lugar perfecto para aterrizar en cada uno de sus anhelos y así hacer eterno y interminable como un afán divino, todo el infinito que el le podía entregar a su infinito corazón.
Le puso el dedo en la boca -hablas demasiado- le dijo.
Luego de que se besaron callando todo lió sentimental por varios minutos le dijo - no, me besas muy poco-.
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